Otoño para recordar


El otoño aullaba en mis oídos y me despeinaba el escaso pelo que me quedaba. Recordé cómo aullaba y nos despeinaba a los dos en aquellas gélidas tardes que pasábamos juntos en este mismo parque, ignorando el frío y el viento aullador, oyendo solo nuestros suspiros, como único eco del paisaje que nos rodeaba.


Pero hace años de aquello ya y el tiempo ha ido borrando nuestro rastro de este parque que llegó a ser tan nuestro y que fue testigo de tantas cosas, como si nada hubiera sucedido, para convertirlo en un paraje más de una ciudad que nos olvidó.
Como si el banco en el que ahora me siento no hubiera visto como nos comíamos a besos durante las tarde primaverales, ignorando las miradas escandalizadas de señoras elegantes.
Como si el pequeño montículo rodeado de árboles no hubiera sido nuestro rincón secreto para observar las estrellas en las noches de verano imaginando cómo sería nuestro futuro, soñando con estar siempre juntos, fuera donde fuera.
Como si no hubiéramos levantado las hojas del suelo con nuestras carreras para acabar, a pesar del invierno, cayéndose en la hierba húmeda y ganándose algún que otro catarro.
¿Cómo era posible que corriéramos tan rápido? Ahora sé que huíamos, de manera inconsciente, del olvido, del olvido y del miedo a convertirnos en un lejano recuerdo en la mente del otro. En una vaga bruma que, como una borrachera, desaparece con la mañana y deja un regusto amargo como único consuelo.
Por tanto miedo, nos prometimos «siempres» a los que nos aferramos, como si fueran una luz en la oscuridad de la noche, y los convertimos en esas estrellas que observábamos en las noches estivales.»Siempres» que no pudimos darnos. Y lo sabíamos, en el fondo lo sabíamos, pero, a veces, es mejor fingir que no oímos.
Con los oídos tapados, y los ojos ciegos de estupidez juvenil, grabamos nuestros nombres en la corteza de un roble viejo. Él sigue aquí, en pie, como si nada, como si los años no hubieran más que anécdotas pasajeras. Él se ha hecho más fuerte, nosotros sólo más viejos.
Vivimos en una nube de miel durante un año, luego te fuiste. Prometimos llamarnos, vernos a menudo, nunca olvidarnos, pasara lo que pasase. Y así fue, durante un tiempo. Yo me aprendí de memoria el interior del autobús que me llevaba a ti, llegué a conocer los rostros de los demás pasajeros a reconocerlos y cogerles cariño, imaginado sus vidas y las razones por las que viajaban. Dejaron de ser desconocidos para mí y ser convirtieron en una parte más de mi vida.
Pero la vida no regala nada y mientras ellos se volvieron cada vez más familiares a mis ojos, tú cada vez me resultabas más extraña y lejana. Como si los kilómetros que nos separaban hubieran difuminado nuestra historia. Nos mirábamos a los ojos, pero ese inmenso universo lleno de estrellas que hacía que mi pecho estallara ya no estaba allí o yo ya no lo veía. Apagaste esas estrellas o a la oscuridad las engulló.
Busqué consuelo en otros labios, en otros cuerpos, en nuevas sensaciones que me hicieran olvidarte. Ahora buscaba el olvido y estoy seguro de que tu también. Acabamos buscando el olvido del que tanto huíamos y dejamos de aferrarnos a esos «siempres» para acabar enterrándolos sin apenas mirar atrás.
Pero los recuerdos siempre vuelven por mucho que nos esforcemos en borrarlos. De repente el otoño quemaba y el recuerdo de los besos congelaba mis pasos.
Hoy lo único que queda de nosotros es esa marca en en la corteza de un viejo roble, en un parque cualquiera, de una ciudad cualquiera.
Hoy, años después, ahora que he vuelto donde todo empezó, desde aquel banco, deseé que las cosas hubieran sido de otra forma. Deseé que hubiéramos sido eternos. Pero, llegado aquel punto solo la magia podía salvarnos. Pero ambos sabíamos que la magia solo existe en nuestra imaginación y en ella quedó un bella historia de amor que fue y nunca más sería.

4 comentarios en “Otoño para recordar

  1. ¡Guau! me encantado tu escrito compañera, la forma en que has plasmado todas esas emociones que todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido. Te reconozco que me ha dado algo de pena pero a la vez he podido percibir las etapas del amor y la madurez que las acompaña. Me ha fascinado tu profundidad. Te ánimo a que sigas escribiendo aunque espero que algo más alegre para la próxima vez. 🙂
    P.D: Nos vemos entre letras

    Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s