El otoño cruje bajo tus pies

Si lo piensas, no hay diferencia. No hay diferencia entre esas hojas de tonos rojizos y amarillentos que crujen bajo tus pies cuando las pisas; y todos aquellos que has dejado atrás.

Todos aquellos y aquellas cuyas vidas has convertido en un otoño particular y perpetuo.

Los has pisado y has disfrutado de su crujido sordo. Porque a diferencia de esas pobres hojas, antes verdes y frescas en copas de árboles altos y llenos de vida; aquellos a quienes has pisoteado y pasado por encima, no crujen, no se quejan, agachan la cabeza.

Y por eso sigues, sonriente,

satisfecho,

sin remordimientos

y sin mirar atrás.

Con la satisfacción de quien cree tener todo el derecho y sin detenerte ni un segundo.

Las personas son apenas restos de celulosa otoñal bajo tus zapatos caros, bajo tus botas de carnicero, bajo tus tacones de piel.

Pronto se las llevará el viento y tú seguirás a lo tuyo, como siempre, un otoño más.

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