Que viene y que va

El metro. Tan lleno de gente que viene y va a toda prisa, inmersa en sus pensamientos. Hay todo tipo de gente: hombres, mujeres, niños, ricos, pobres, altos, bajos, guapos, feos…. Personas diferentes, desconocidas entre sí, que cada día se reencuentran en ese lugar como si de una cena navideña se tratara, salvo por la común indiferencia.

Todos caminan ciegos y sordos al mundo que tienen alrededor. No ven al joven que toca la guitarra queriendo convertirse en el próximo Ed Sheeran, no oyen al mendigo pidiendo limosna, ni a la madre que riñe a su hijo, ni al ejecutivo que grita por su dinero.

Llevo mucho tiempo observando a las personas del metro, y como el biólogo que observa a sus insectos, he llegado a cogerles cariño. Por ejemplo, Paul, es un buen tipo, con su bigote perfectamente recortado y esos ojos pequeños tras unas gafas que los hacen aún mas pequeños. También está Josefina. Ella coge el metro para ir a ver a sus nietos.

O Luigi que es pizzero y siempre tiene harina en los hombros, pero sus pizzas, las mejores de la zona, lo valen.  Al lado de Luigi, Aurora piensa en su joven amante afgano. Junto a ella, su marido Raúl lee el periódico en su caro smartphone mientras se pregunta qué cenarán esa noche. Hay muchos más, Mario, Ana, Samuel, Rosa María, artistas, jardineros, contables, empresarios… caras desconocidas, cada una con su historia, que vienen y van para acabar desapareciendo engullidas por el metro.

Pero sobre todos ellos, destaca una chica a la que no había visto nunca antes. Aquel día llevaba el móvil en la mano y miraba la pantalla con una leve sonrisa. Los mechones de pelo rubio que se habían escurrido de su oreja habían caído sobre su cara. Con un suave ademán, volvió a colocarlos en su sitio, tras la oreja, pequeña y pálida, de la que salía un auricular blanco. La música que escuchaba la hacía palmearse el muslo cada cierto tiempo, tratando de seguir el ritmo. La canción debía de ser buena.

De repente, levantó la vista y me miró. Nunca nadie se había dado cuenta de que lo observaba. ¿Habría perdido facultades? ¿Me habría vuelto confiada? Tal vez….ella fuera diferente. Un extraño impulso me hizo querer hablarle. Me levanté dispuesta a hacerlo, pero en aquel instante llegó el metro, sus puertas se abrieron, ella entró, y las puertas volvieron a cerrarse, llevándosela. Nunca más volví a verla.

4 comentarios en “Que viene y que va

  1. Me gustó.
    Lo primero que señalaría es que denota esa sensibilidad de darse cuenta del mundo que nos rodea, de esa inmensa red de personas que nos cruzamos a diario cada uno con sus vidas ajenas a nosotros y , sin embargo, aunque nada más que sea por unos minutos, vidas que se entrelazan con las nuestras.
    Segundo hacerte notar que tu relato me ha hecho recordar un poco el inicio de La chica del tren.
    Y en tercer lugar el detalle final que es agridulce e invita a la curiosidad.
    Muy buena entrada.

    Le gusta a 1 persona

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