La huella del silencio

Hoy he vuelto a la ciudad de mi niñez. Esa ciudad de humo negro y asfalto tumefacto.

Mis pasos han vuelto a resonar por las calles empedradas en las que aprendí que los sueños no son más que gotas de rocío que desaparecen cuando sale el sol.

He caminado entre esos edificios cuya juventud quedó atrás hace años. Edificios cansados de soportar el peso del mundo, que se inclinan suicidas ante el peatón que, altanero y cruel, los ignora.

Llego al lugar donde tiendas y negocios bullían con la rabia en secreto mantenida.

Mis ojos vuelven a encontrarse con la mirada vidriosa de rostros de acuarela que se diluyen en la desesperanza.

Al mirarlos, comprendo que su alma quedó vacía hace mucho. Entiendo que su imaginación de volar tras mariposas imposibles hace mucho.
Quizás demasiado.

Los cristales del silencio conquistaron la ciudad hace mucho, instaurando una atronadora dictadura. Cierro los ojos y tapo mis oídos para no escuchar los gritos mudos a mi alrededor.

Hoy he vuelto a la ciudad de mi niñez, donde un silencio puntiagudo atenaza las calles y gargantas de esta ciudad de humo negro, asfalto tumefacto y edificios suicidas.

2 comentarios en “La huella del silencio

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