Lo que encontró bajo el sofá

El reloj marcaba las 18:00 cuando entró en casa. El ambiente tibio del hogar eliminó de su cuerpo el horrible frío invernal del exterior. Sin embargo, desde hacía tiempo, el frío que sentía era interno. La tristeza lo acompañaba todo el día. Una indefinible tristeza atenazaba su alma cada noche,  invadiendo sus sueños y despertándolo temprano por las mañanas.  Observaba entonces a su novia, durmiente su lado, buscando algo en ella que le hiciera sonreír, pero nunca sucedía.

Decidió hacer limpieza, así mantendría la cabeza ocupada en otras cosas. Siempre había considerado la limpieza muy terapéutica. Limpió la cocina, el dormitorio, el baño y el salón. Tenía tanta práctica, y últimamente, limpiaba tan a menudo que la casa estaba muy limpia, por lo que acabo muy rápido. Plantado en medio del salón miro a su alrededor pensando si se había dejado algo. Entonces reparó en el sofá. Nunca había limpiado debajo. Comenzó empujarlo hacia atrás hasta que quedó pegado a la pared.

Al contemplar el espacio que siempre había estado debajo, se quedó boquiabierto. Aparte de una evidente cantidad de porquería, encontró objetos muy variados, todos cubiertos de polvo y con pelusas enganchadas.

Lo primero en que se fijó fue una foto de él y su novia en uno de sus primeros viajes. Unas enormes sonrisas iluminaba sus rostros.

A continuación, cogió un pequeño bolígrafo rojo. Lo miró atentamente y por fin recordó. Con ese bolígrafo firmaron el contrato de alquiler de aquella casa, y con ese mismo boli ella firmó su contrato de la tienda de mascotas en la que trabajaba; y él su contrato en el banco.

Cerca del bolígrafo, había una bolita de papel. Al desarrugarla, descubrió que era el billete a París de aquella escapada romántica que preparó por San Valentín para desconectar de sus ajetreadas vidas.  En aquellos tiempos, empezaron a verse cada vez menos, y cuando estaban juntos apenas conversaban.

Más allá otra bolita de papel: Raúl 683 659 774. En ese momento su corazón se detuvo y la saliva se le atragantó. Raúl era el compañero de trabajo de su novia, del que desde hacía varios meses ella no paraba de hablar.

Entonces se dio cuenta.

Bajo el sofá encontró recuerdos olvidados, objetos que reflejaban una felicidad que no supo hacer frente a las dificultades de la vida. Bajo el sofá descubrió una pareja que enterró sus sueños en esa polvorienta oscuridad, una pareja que se dejó morir sin atisbo de remordimiento. Se habían dejado morir, enterrando sus sueños bajó el sofá.

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