Prado verde

Anoche soñé que volvía a aquel prado verde. Aquel prado verde en el que las briznas de hierba se doblaban elásticas bajo mis pasos, volviendo después a su estado natural. Aquel prado verde lleno de insectos felices, que levantaban el vuelo a mi alrededor, saludándome con sus colores brillantes bajo la luz del sol.

Un tibio sol de marzo coronoba un cielo, más mar que cielo, y calentaba mi espalda, infundiéndome la tranquilidad que tanto necesitaba, relajando mis músculos en suaves suspiros que me obligaban a cerrar los ojos en una media sonrisa.

Soñé que volvía, pero aquel prado verde ya no era verde, era amarillo, se había secado y la hierba se partía en horribles crujidos bajo mis pies, los insectos ya no me recibían alegres, ya no volaban conmigo, sino que huían despavoridos de mis pies, en una negra y huidiza marea, que había perdido su brillo y se había vuelto opaca. El sol aún seguía en el cielo, pero había sido desplazado por nubes violentas que amenazaban una cruel tempestad. Yo tenía frío y sólo quería irme de allí, pero las piernas no respondían, se limitaban a temblar sobre mis pies inmóviles. Incluso mientras la lluvia me golpeaba sin compasión, yo seguía ahí, quieto y en silencio, esperando que aquello que me anclaba al suelo se disolviera después de tanta agua. Pero sólo acabé congelado, hecho un ovillo en el suelo de aquel prado que una vez fue verde.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s